Espiritismo
El Evangelio según el Espiritismo: oraciones de Allan Kardec
· 10 min de lectura
Publicado en 1864 por Allan Kardec, El Evangelio según el Espiritismo dedica su capítulo XXVIII a una colección única de oraciones organizadas en cinco categorías. Conoce su estructura, contexto histórico y la pedagogía espiritual de sus oraciones.
El Evangelio según el Espiritismo, publicado por Allan Kardec en 1864, es la tercera obra del Pentateuco Kardeciano. Su propósito es mostrar que las enseñanzas morales del Evangelio son compatibles con la revelación espírita.
Contexto histórico
Allan Kardec (1804-1869), cuyo nombre real era Hippolyte Léon Denizard Rivail, fue un pedagogo francés que aplicó el método científico a los fenómenos mediúmnicos del siglo XIX. En 1848, las hermanas Fox iniciaron el espiritismo moderno; Kardec lo transformó en una doctrina moral y filosófica.
Estructura del libro
28 capítulos. Los primeros 27 comentan pasajes del Evangelio desde la perspectiva espírita. El capítulo 28 es una colección de oraciones.
Capítulo XXVIII: Colección de oraciones
El capítulo final contiene oraciones «dictadas por los Espíritus en diversas circunstancias». Kardec aclara que «los Espíritus no prescriben ninguna fórmula absoluta de oración». La oración espírita debe ser clara, sencilla, concisa.
Cinco categorías:
I. Oraciones generales: Padre Nuestro, reuniones espiritistas, para médiums. II. Oraciones para sí mismo: ángeles guardianes, alejar malos espíritus, corregir defectos, resistir tentaciones, aflicciones, peligro, muerte. III. Oraciones para otro: afligidos, enemigos, niños, agonizantes. IV. Oraciones para los que ya no están: recién fallecidos, suicidas, criminales, espíritus endurecidos. V. Para enfermos y obsesados: curación física y liberación espiritual.
Pedagogía de la oración espírita
- Racionalidad: no pide lo absurdo.
- Moralidad: busca mejorar al que ora.
- Universalidad: acepta las oraciones de todos los cultos.
- Solidaridad: ora por vivos y muertos.
- Sencillez: sin fórmulas mágicas.
«La cualidad principal de la oración es que sea clara, sencilla y concisa, sin fraseología inútil ni lujo de epítetos.» — Allan Kardec
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